sábado, 16 de junio de 2007

El mercadito de las emociones



Este es mio! Lo ideé mientras iba de compras al Super!

Caminaba por la vida, tranquilamente, buscando la forma de relacionarme con la gente y mirando a sus caras, a sus ojos, para ver si alguien lograba verme, lograba mirar mi inquietud por conocerlos y poder hablar. Estaba buscado gente para charlar, formas de ser feliz. Estaba en una plaza atestada de gente, sola, caminando...

En esta gran recorrida, me encontré con un anciano. Bastante grande, con el pelo muy blanco, que caminaba con dificultad y que cada tanto se detenía a tomar un poco más de aire y a descansar sus doloridos huesos.

- Muchacha, me puedes ayudar?

- Claro, qué necesita?

- Necesito que me acompañes hasta ese asiento, mis huesos cansados ya no resisten tanto tiempo en pie.

Con bastante esfuerzo le tomé el brazos y casi en andas lo llevé hasta su asiento. Por cortesía me quedé sentada un rato con él acompañándolo y en nuestra charla, en un momento me dijo:

- Eres feliz?

- mmm qué decir? Creo que no... bah, lo intento, pero no estoy logrando buenos resultados.

- Que dificultad. Tienes problemas?

- Uy señor, las preguntas qué hace! . Claro, como cualquiera!

- Has sido buena conmigo, te voy a hacer una propuesta. Te voy a dar dinero suficiente para que compres lo que quieras, lo que necesitas, lo que deseas para ser totalmente feliz, totalmente plena. Estás de acuerdo?.... Mira que no es un regalo gratis como parece, sino que tendrás que después devolver el dinero en cómodas cuotas, pero creo yo que consiguiendo lo que quieres ya ni sentirás el hecho de dar este dinero. Lo deseas?

Era una oferta realmente agradable a mis bolsillos y sobre todo a mi vida, que estaba delante de la posibilidad de comprar aquello que más necesitaba para ser feliz.

- Acepto. Creo que es una buena propuesta. Qué tengo que hacer?

- Debes cerrar tus ojos, relajarte y seguir mi voz....

Inmediatamente, me sentí trasladada a una especie de Gran Mercado, lleno de gente que iba y venía con grandes bolsas de compras. Con caras muy alegres, regocijados, relajados y hasta satisfechos.

En eso este hombre se detiene y para en una gran estantería que se llamaba: Los ingredientes de la plenitud. Hermosos colores tenía la estantería, todos muy agradables a la vista. Diferentes utensilios, frascos y recipientes colmaban el lugar.

- Mira hija, tienes 1.000.000 de dólares. Mira lo que puedes comprar: Aquí tienes la felicidad eterna - nunca tendrás tristezas, nunca estarás mal, todo a tu alrededor será bueno- , aquí hay tolerancia fraterna, que es la paciencia que nunca acaba, esa que te permite aguantar hasta el ser humano más denso y con la mejor sonrisa; por aquí abajo, tienes caridad cristiana, esa que tanto anhelas y casi ninguna persona posee. Es un tesoro incalculable; más allá tienes la Verdad pura, esa que no faltará nunca en tu vida y te permitirá ser sincero a pesar de cualquier circunstancia; mira más allá, tienes emociones varias a un buen precio, con la garantía de que estas no te pondrán en peligro, ni te harán triste, solo son pasajeras y se deshacen con el tiempo y allá, en la punta, el más preciado de todos. Ahi tienes amor eterno, de quién quieras y para quién quieras. Ese es el producto más vendido, el más requerido....

- Wow, cuanta oferta! y qué interesantes productos!

Me quedé mirando estupefacta semejante estantería, tan llena de cosas buenas y tan atrayentes a la vista y mis sensaciones. Miré el dinero que tenía para gastar y me puse a pensar: "... qué difícil situación... qué elegir, que comprar..."

Estuve así por casi una hora. Se ve que este señor se había comprado bastante paciencia porque me esperó sin problemas con una sonrisa en la cara y casi sin inmutarse.

Muy resuelta, lo miré a los ojos y le dije:

- Le tengo que agradecer que me haya elegido para dar este regalo. Yo creo que cualquier persona estaría inmensamente satisfecha por conseguir esta oportunidad. Pero sabe? No es desprecio, no es recelo, pero no quiero su dinero, ni quiero comprar nada de lo que este gran mercado vende....

Con ojos extrañados me miraba y no emitía palabra...

- Todos estos años he aprendido a vivir mi vida como mejor pude. Es cierto, a veces necesité de un toque de felicidad, de algo de caridad y también de sinceridad. Cosas que cuestan muchísimo obtenerlas por la vía normal, por una vida normal....

- Pero qué gano con comprarlas? y tenerlas al instante.... Solo tiempo.

- Para qué quiero felicidad? Si ese es el objetivo en mi vida...no tendría por qué pelear, no tendría incentivos para vivir, ya no sería necesario ponerme a pensar qué hacer con mi vida y sinceramente, no valdría la pena vivir si la consigo asi, tan rápido y sin esfuerzo....

- Para qué quiero sinceridad, si yo se que está bueno tenerla, y que con solo proponérmelo puedo decir la verdad y no a costa de cualquiera, sino pensando bien como decirlo, para no lastimar. La verdad a cualquier precio no es buena, porque hay gente que necesita que la verdad le sea dosificada y no entregada de una vez... podría matarlos.

- Para qué quiero caridad cristiana? Si la convivencia con otros me lleva a tener que escuchar, discutir, intercambiar. Con todo eso voy ejercitando paciencia y caridad. Y con todo eso, ya no necesito más...

- Para qué quiero emociones varias? y sobre todo para qué quiero emociones que ya se que van a terminar bien y que se me desharán a medida que pase el tiempo... Prefiero las emociones que yo misma voy generando, esas que son inciertas, casi sin destino y que le ponen color a mi vida y si son bien vividas, son duraderas hasta toda mi vida.

- ¿y el amor eterno?. Mmmmh me tienta, pero sinceramente, prefiero seguir buscando. Seguir disfrutando de la gente y de aquellos que quieren relacionarse conmigo, es incomparable la satisfacción de ir conociendo a alguien, de ir descubriendo sus virtudes, sus defectos, de tenerlo junto a nosotros cuando lo necesitamos. De pelearnos, de saber qué tengo que cuidar de las relaciones para que sean duraderas y que no siempre voy a contar con sus presencias. No me atrae lo eterno, quiero algo que cueste esfuerzo mantenerlo, lo que me permite seguir buscando, incluso la felicidad misma. Aunque me pase la vida deseando lograr lo Eterno.

- Señor, déjeme asi como estoy. Que con mi vida y lo que me toca vivir estoy bien. Si tengo que mejorar, lo voy a hacer con mis propias fuerzas. Tome su dinero, yo no lo necesito. Debe existir alguna otra persona que ya esté cansado de vivir, y que las emociones de la vida diaria no lo completan. Déselo a él, total, le dará lo mismo si obtiene o no lo que quiere...

Yo quiero ser feliz por mis propios medios y quiero que mi felicidad sea duradera y no intrascendente. Cuando no luchamos por lo que queremos, poco apreciamos lo que tenemos....

El señor me miró asombrado y después me dijo complacido:

- Realmente has elegido bien... vive tu vida y nadie podrá reclamarte....

Sin darme cuenta, ya no estaba conmigo... y yo seguía sentada en el banco de la plaza.. mirando el paisaje que me rodeaba... y me sentí conforme... al menos por ese momento.

El hombre constantemente se encuentra en búsqueda. Nunca está conforme, nunca está pleno. Siempre tiene alguna necesidad que satisfacer. El hombre vive pensando en como seguir viviendo y en como empezar a ser feliz de verdad...

Yo quiero seguir siendo una "Buscadora de sueños"


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1 comentario:

Emmanuel Perèt dijo...

Algunas veces pienso que si no existieran los problemas sería feliz, pero otras veces corrijo mi error y pienso que si no existieran los problemas no sabría que es ser feliz.
Me gustó mucho este relato, me pareció que el viejo y el ángel tenian algo Divino en común.Y también me pareció que vos y yo tenemos algo terrenal en común.
Cariños al contado.