lunes, 17 de septiembre de 2007

Entre pinochos...




Cara de Pinocho, originalmente cargada por gonz9.


Los cuentos infantiles siempre merecieron mi respeto. No por lindos o por divertidos, sino porque en mi infancia muy pocas veces tenía acceso a ellos y cuando lo hacía, eran como un tesoro a descubrir que debía cuidar, para que no desaparecieran de mi vista.

Nunca pensé que cursando un Posgrado en Gestión Educativa, llegaría a mis manos un cuento infantil tan lindo como el de PINOCHO.

Saben algo? Yo conocí la historia de bocas ajenas, pero nunca lo lei, ni conocí detalles del cuento, como conocían otros niños.

Hoy después de muchos años, se me dio la oportunidad de leerlo, aunque claro, con fines educativos.

Me resultó interesante y rica hacer esta analogía entre pinochos y niños de escuela, porque sin pensarlo Collodi nos dio la imagen perfecta del infante que viene a formarse.

Pinocho, tabla rasa, que sipuestamente no tenía vida, reía, hacía ruidos...

El niño, para la educación tradicional, supuestamente una tabla rasa, rie, juega, canta, se comunica. Supuestamente, porque nada más alejado de él, que tiene un caudal de aprendizajes previos que marearían a más de uno. Y claro, antes de entrar en la escuela es como una madera que suena, que hace ruido, que llora, aunque no tenga la forma que le quiere dar el carpintero-maestro.

No son tablas rasas, nunca lo fueron y menos en el siglo XXI, donde la principal fuente de información es la televisión.

Antes podría decirse que del pecho de la madre han pasado al pecho de la escuela. Hoy ya no, del pecho de la madre, han pasado a la televisión y a la computadora y de ahí a la escuela, por lo tanto nuestros niños vienen "llenos" de información que necesitan procesar.

Gepetto, el carpintero, cual maestro de sala le debe dar a la madera la forma necesaria para que se convierta en niño. El maestro, cual carpintero debe darle al niño la forma necesaria para que se convierta en infante perteneciente a esta sociedad, con actitudes, valores, y ritmos propios de la època en la que se desenvuelve.

Gepetto piensa darle vida a una madera sin vida, el maestro fue preparado para dar conocimientos a un niño "vacío" ; pero ninguna de las dos es cierta, porque ni la madera está muerta ni el niño está "vacío", son solo prejuzgamientos de una época que ya pasó.

Pinocho es burlón, irreverente, maleducado, juguetón y sobre todo travieso. Necesita ser niño, desea ser niño de carne y hueso pero no quiere las ordenes de Gepetto, quiere experimentar aventuras por su cuenta.

El niño, el educando hoy también tiene las característcas de Pinocho, quiere experimentar por sus medios aquello que el mundo le ofrece y no limitarse a las órdenes de un maestro, que lo aburre, que no lo trata bien y el cual se siente desbordado ante tanta actividad infatil.

Nos prepararon como maestros para ser educadores de niños que no tenían un bagaje previo. Qué equivocados que estaban. Hoy siguen preparando docentes asi, porque más que cambiar el nombre de la carrera, los contenidos y los formadores siguen siendo los mismos. Este modelo actual de educador y de educación ya no responde a lo que es el niño en realidad, por eso el niño se revela, se enoja, se siente manejado, no quiere colaborar, pelea, renuncia, patea, patalea, se aburre, no quiere la escuela, no respeta a su maestro. No le damos lo que él realmente necesita, no porque no querramos, sino porque no nos han dado herramientas para hacerlo.

Hay una frase que dice: Por la razón o por la fuerza. Esa frase se aplica hoy en la escuela. Así se educan a los niños. O le entran balas o terminan siendo excluidos del sistema. Los que entran en razón, se convierten en los alumnitos que siempre toda maestra quiso tener o al menos en un alumnito que no molesta y no trae problemas en el aula, aunque no sepa nada, aunque la escuela no lo llene, aunque la maestra no se gane su cariño y el la considere simplemente un estorbo en su vida. Algunos pinochos pueden huir del cinsel de su artesano, otros agachan la cabeza y aceptan las formas extrañas que les dan otros y otros por no considerarse madera buena, son excluidos, sin oportunidad alguna.

La cuestión es saber encontrar el camino que nos lleve a reconocer qué es lo que verdaderamente necesitan nuestros niños y que debemos cambiar nuestra metodología de enseñanza para un niño que hoy, puede llegar a saber de tecnologia y actualidad, más que su maestra y que maneja las herramientas de comunicación desde muy pequeño, como si fuera su lapicera o mejor aun, su primer juguete.



Basado en "Pinocho, la fuga malograda" de MARCELO PERSIA


4 comentarios:

Nidia dijo...

Lo interesante de Pinocho, y del libro que me acuerdo es la parte en que encuentra al hada y llora por haberse olvidado de ella... Una historia triste, quizas demasiadas metáforas para los chicos mas chicos...

Muy pensado tu analisis..

MonikaMDQ dijo...

Hola Claudia, a mi pinocho siempre me ha gustado aunque es triste en si pensar en la historia de fondo.

POr cierto, gracias por tu visita, me encantó leer tu perfil y aunque estamos tan lejos estemos, gracias a este medio, tan cerca a la vez. Justamente de eso fue lo que hablé en la entrevista que publiqué en mi blog (y que me hicieron la semana pasada)
te mando un beso

Belinda Morquecho Chavez dijo...

hola, a mi siempre me ha gustado ese cuento, pero nunca lo habia visto de esa manera de pensar y de ver como lo acabas de decir
saludos

Anónimo dijo...

CLAU:MUY, PERO MUY INTERESANTE ESTE POST ,... NO TODOS ESTAN DISPUESTOS A BUSCAR NUEVAS HERRAMIENTAS, ESO ES MUY VALORABLE Y DEMUESTRA UN GRAN INTERES, UNA VERDADERA VOCACION...BESOTES!!LAU