Sentada a orillas de la cama, miro la nada. Me miro en el espejo y solo una sombra oscura de lo que un día fui y ni rastros de lo que quise ser.
Me duele la cabeza, rebalzan mis ideas, unas locas, otras tristes, muchas disparatadas y hasta otras, un tanto osadas. Hoy no tengo capacidad para ordenarlas, para encontrarles un lugar, para ubicarlas dignamente. Todas dan vueltas desordenadas, golpean dentro de mi cabeza, reclamando mi reacción. Haces de luces golpean mi noche, pero no tienen fuerzas para hacerla sucumbir.
Es de día. Suelo no reaccionar de día. Estoy como dormida, casi inerte. La energía que debería darme fuerzas para avanzar no lo hace, desde mi cabeza no surge otra cosa que ideas, pensamientos, que confusamente intentan ponerse en movimiento. Pero nada recorre mi cuerpo.
El día se transforma en un eterno camino que no tiene fin. Un camino sin regreso, un camino recto, desabrido y desolado. Este andar monótono me cansa, me sobrepasa. El aire del ambiente está pesado, la humedad no ayuda en nada, está nublado, embotado, el cielo está cerrado. Clima y ánimos se confabularon para que no levantar cabeza.
Aquí el clima, no ayuda en nada a los buenos ánimos. Te suele deprimir tanto o más que los problemas. Se conjugan con el viento, para oscurecer el día y al mismo tiempo ponerte loca. Una loca deprimida, es mucho para esta época del año. Es demasiado para poder soportarlo. Es demasiado para que me soporten.
Creo que jamás nadie entenderá lo que significa vivir en la Patagonia Austral, hasta que no posa sus pies por unas semanas aqui. Vivir con días que son más oscuros que claros, con más nubes que sol, con más viento que días calmos. El clima nos determina psicológicamente y aunque nos acostumbramos a dormir con sol y a despertarnos con noche, nos apabulla. El paisaje no nos ayuda: todo es gris, no hay vegetación, todo desértico, poca gente, mucho viento.
No soy de ponerme de mal humor, pero voy comprendiendo lo mucho que tiene que ver las características de la zona. No hay lugares para distraerse, ni clima para hacerlo. Entonces, uno depende del trabajo, nos acostumbramos a despejarnos con el trabajo, a estar en movimiento trabajando (que loco, no?). Por ello, las vacaciones tienen que ser tanto o más movidas que el trabajo, y buscamos salirnos de nuestro lugar, buscamos volar, buscamos otros lugares para pasar el verano, buscamos Sol, buscamos el color verde. Las familias buscan sacar a sus niños por lo menos una vez al año, a lugares donde puedan jugar y tomar un poco de calor, un poco de sol.
Estos días me he quedado en casa porque mis vacaciones comienzan unas semanas más, es complicado, difícil... no ayudan al humor ni a la tolerancia. No puedo quedarme en casa simplemente a descansar, ni a hacer nada.
No puede ser, que la abulia y el aburrimiento puedan más que mis ganas de descansar y de disfrutar de mis días en casa. Tengo mucho por hacer, pero voy buscando alternativas para hacerlas fuera de casa y no estar tanto tiempo encerrada. Pero afuera, me espera el señor viento, un compañero inseparable.
Esta es una descripción de un día de vacaciones en mi ciudad, con mal clima y con pocas actividades veraniegas para poder realizar, con poca gente en la ciudad, debido a que todos partieron a vacacionar a otros lugares.
Igual te quiero Patagonia, igual sos parte de mi corazón.... pero a veces cómo me aburres y me desesperas!


